MONTEREY POP, EL ORIGEN DE TODOS LOS FESTIVALES

Sus organizadores prometieron “tres días de música, amor y flores”, pero el Monterey International Pop Festival terminó siendo muchísimo más. Durante un fin de semana de junio de 1967, Jimi Hendrix y The Who irrumpieron en el público estadounidense, Janis Joplin pasó de sensación underground a super estrella, y Otis Redding se ganó lo que él llamaba “La multitud del amor”. El evento sentó la base para todos los festivales de rock que habrían de llegar, de Woodstock a Bonaroo. “Monterey fue uno de los puntos más altos de nuestra generación” “allí todo empezó a tomar forma”, dice David Crosby, quien tocó en el festival junto a The Byrds y como invitado de Bufallo Springfield. Su compañero de The Byrds, Chris Hillman, agrega: “No me importa lo que diga la gente de Woodstock; Woodstock fue una pesadilla. Monterey fue el mejor festival de rock que hubo”.

Icónica fotografía de Jimi Hendrix prendiendo fuego a su guitarra en el Monterrey Pop Festival

Y casi se suspende. El plan para un nuevo tipo de festival fue ideado por Johns Phillips, el líder de Mamas & the Papas, y Lou Alder, un productor influyente y manager de la banda. Ambos venían del consolidado circuito musical de Los Angeles, donde los artistas de rock estaban acostumbrados a codearse con la realeza del mundo del espectáculo, a vivir en mansiones y a grabar discos de platino. Para hacer que el festival funcione ellos sabían que necesitaban la confianza de la calle y de numerosos artistas psicodélicos que pululaban por San Francisco, embebidos en LSD, envueltos en la sordidez de la vida comunal y enfrentando el acoso de la policía. “Comparada con la escena de  Los Angeles, ésta era la nueva música” dice Alder. “Era la novedad”.

Pero cuando llegaron allí en abril, Phillips y Alder -que compusieron el hit de 1967 “San Francisco (Be Sure To Wear Flowers In Your Hair)”- no siguieron su propia recomendación. En cambio vestían los habituales trajes hechos a medida, y así llegaron al Fairmont Hotel para entrevistarse con Grateful Dead y Jefferson Airplane. Las dos culturas chocaron inmediatamente. “No les caímos simpáticos -dice Adler, que temió por una pelea a golpes de puño-. El clima se puso beligerante. Estábamos en lugares totalmente distintos”.

Nico y Brian Jones en Monterrey Pop Festival

Aunque el festival no tendría fines de lucro, con ganancias destinadas a varias entidades benéficas, un acta de la ciudad establecía que la entrada, en esas circunstancias, debía ser gratuita, y por lo tanto sospechaban del negocio por 400 mil dólares que Alder había cerrado para televisar el evento (finalmente la emisión no tuvo lugar: en lugar de eso, el director D.A Pennebaker usó su material para el clásico documental  Monterey Pop).

“Todos nosotros resistimos Monterey Pop, porque olía a trampa de comercio angelino” recuerda Chet Helms, por aquel entonces promotor de conciertos en San Francisco. “Nos parecía que estaban aprovechando la buena onda de San Francisco para manejar a grupos de su ciudad”. Ralph Gleason, el respetable crítico de San Francisco  que luego co fundaría Rolling Stone, convenció a los músicos para cambiar su perspectiva. Incluso los Dead tocaron, pese a que habían amenazado con montar un festival gratuito para rivalizar al otro la do del camino. 

Pero Monterey (tres días de música a cargo de 32 intérpretes desde Jimi Hendrix hasta Simon &Garfunkel) hizo mucho más que unificar a dos grupos rivales de músicos. Con unos 50 mil asistentes en cada día y sin un solo arresto policial, el show fue una extraordinaria fiesta pacífica para la floreciente contracultura; y punto de partida para el Verano del Amor. “Monterey fue el nexo -escribió Jann Wenner, que lanzaría Rolling Stone cinco meses más tarde-. Comenzó desde el lugar en que nacieron The Beatles, y desde el lugar que alcanzaron”. Para bien o mal, Monterey fue también el momento en el cual la industria discográfica advirtió  que la cultura hippie del rock podía ser un buen negocio Clive Davis, por entonces presidente de Columbia Records y uno de los pocos ejecutivos disponibles llamó a Monterrey el “punto de inflexión creativo” de su vida, y fichó a Janis Joplin para su sello luego del evento».

Brian Hiatt, Rolling Stone #46, Pgs 82 – 83.

Fotografía de portada tomada de este sitio 

Fotografía de Jimi Hendrix tomada de este sitio

Fotografía de Nico y Brian Jones tomada de este sitio

 

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